sábado, 28 de marzo de 2015

Piña a la brasileña.

Esta receta está inspirada en una que tengo en un libro de cocina titulado "Cocina de reyes y pobres", concretamente esta pertenece a la cocina de reyes, aunque desconozco el motivo; supongo que será por lo exótico de esta fruta traída por los conquistadores del nuevo mundo. Cuentan en mi libro que cuando los descubridores trajeron esta fruta, se le llamaba despectivamente piñón y no era del agrado de la gente, el propio emperador Carlos I la rechazaba, pero cuando los médicos le reconocieron sus virtudes diuréticas, los afectados por la enfermedad de la orina comenzaron a apreciarla, aunque el rey se mantuvo firme en su rechazo y siguió atiborrandose de cerveza y embutidos de la época, tampoco es que tuviera mal gusto, una cervecita fría y un buen bocata, son un plan perfecto para un día de playa, e incluso de lluvia.
Ahora los problemas de orina, creo que se llaman de otra manera, pero la piña, sigue siendo diurética, con mucha fibra ( laxante), baja en calorias ( esto lo supongo porque casi todas las dietas la tienen) y es rica en vitamina C, vamos que cuando veamos una piña, le aplaudimos con las orejas y le hacemos la ola. Por todos esto y,  porque a veces tiene un precio estupendo en el súper, que queda con una buena presentacion el postre, que comemos fruta que es sana, que además de la pinta, sabe bien y que se yo.....(no se me ocurre nada más) nos ponemos manos a la obra.

Los ingredientes que necesitamos son,: una piña madura, una tarrina de nata de 250ml., un paquete de gelatina de naranja, limón o tutti fruti (es la que le puse), cuatro cucharadas soperas de azúcar moreno, una copita de ron y unas guindas confitadas o cerezas.

Empezamos por lavar la piña y cortarle el penacho con la parte de arriba. Luego, la vaciamos; para ello hay un utensilio fantástico que clavas en la parte superior de la piña y vas girando e introduciendo en su interior y te sale toda  en rodajas. Asi me explico como hacen en las fabricas de piña enlatada, no me los imaginaba yo con el cuchillo y piña a piña. El artilugio es este,



Si no lo tenéis y os  gusta la piña, os lo recomiendo, es un cacharro muy útil y se aprovecha mucho mejor. Si no tenemos el aparatito, con un cuchillo bien afilado extraemos la pulpa, procurando no romper la corteza porque la vamos a utilizar. La parte central, que es leñosa, se la quitamos. El jugo de la piña, ni se os ocurra tirarlo, nos valdra para hacer la gelatina. Cortamos la pulpa en trozos y la mezclamos con el ron y el azúcar moreno y a reposar hasta que la piña esté tan borracha que cante el Asturias patria querida o la Rianxeira (es broma, no hace falta tanto tiempo). En un cazo hacemos la gelatina siguiendo las instrucciones, pero reduciendo a 400ml. la cantidad de liquido y, sustituyendo parte del agua fría por el zumo de piña. Una vez hecha, la dejamos enfriar.
La nata la montamos y la dejamos en la nevera.
Cuando la gelatina está fría, aunque no cuajada, mezclamos los trozos de piña que hemos macerado con el ron y el azúcar moreno con la nata (lo echamos todo, incluido el ron y el azúcar, aunque este último, aunque quisiéramos, no se lo podríamos quitar) y le vamos añadiendo la gelatina poco a poco. Mezclamos bien y rellenamos la corteza de piña con la mezcla, apretando bien para que el relleno nos quede compacto. Solo nos queda meterlo en el frigorífico unas cuantas horas y adornarla con unas guindas o cerezas cuando la vayamos a servir. Si la dejamos de un día para otro seria mejor, siempre que consigáis mantener apartadas a las fieras de la piña, en mi caso no fue posible y duró poco tiempo, poco mas que el de hacerle la foto. Valió la pena, está muy buena. Es un buen postre para una comida de domingo y después de los vinitos del fin de semana, ayuda a depurar.


Así me ha quedado, con un look verdaderamente primaveral a pesar de este tiempo de otoño gallego.