miércoles, 1 de abril de 2015

Unas torrijas.



Le he estado dando vueltas a si subir o no esta receta al blog, pero al final me he decidido. Creo que todo el mundo sabemos hacer torrijas, pero esto es algo como la moda, cada uno tiene su estilo propio. A mi me gustan especialmente las torrijas que se comen  en Madrid, con almíbar y jugosas. No se porque motivo, en Galicia  las comemos en Carnavales y allí sin embargo, son típicas de la Semana Santa. Estas, como todas, tienen mi sello personal y a fe mía,  que en esta ocasión si es así.
 Esta receta  está especialmente dedicada a mi amigo Luis, que siempre lee y me comenta las recetas de mi blog, lo cual yo le agradezco de todo corazón, porque me hace sentir una cocinera importante aunque tengo claro que no lo soy. Querido Luis, esta receta es para que, ahora que la abogacía te deja unos días libres, aproveches la mañana y  te dediques a preparar estas ricas torrijas para las mujeres de tu casa.

Cuando se me ha ocurrido la idea de las torrijas, lo primero que hice fue ir en busca de pan duro. Yo el pan que me sobra, lo guardo todo en una bolsa, para mi amiga Pilar, que tiene gallinas en su huerta. Pues bueno, oh mísera de mi !!, tenía mucho pan reseso, pero cada pedazo era hijo de su padre y de su madre, había restos de bollitos de leche, pan de bollo gallego y barras del país. Como hay que adaptarse a lo que se tiene, me decanté por los bollitos de leche y media barra del país.

Necesitamos: Un litro de leche,  la monda de un limón, dos palos de canela, unas estrellas de anís estrellado, un vaso de anís, el pan duro, cuatro huevos y aceite de oliva para freírlas. Para el almibar, necesitamos: cuatro cucharadas soperas de azúcar, dos super cucharadas de miel, un palo de canela, unas estrellas de anís estrellado y la monda de un limón.

Lo primero es poner en una cazuela el litro de leche con el palo de canela y la monda de limón. Dándole vueltas a la torrija he pensado que, al menos en mi casa, siempre se les ponía anís y, yo tenía anís estrellado en un bote y decidí experimentar, añadí tres estrellas a la leche. Lo puse todo a hervir y cuando ya subía,  le bajé el fuego y lo dejé un par de minutos al mínimo  para que todo se fusione bien, ahora se dice infusionar, que suena mejor y algo de eso hay, porque el anis estrellado servía para hacer infusiones para los g...... Apagué, puse la tapa a la cazuela y dejé que todo se templara e infusionara  (como me gusta!!!!!).

Este momento lo aproveche para cortar el pan en rebanadas, batir los cuatro huevos  y tomarme un café relax.
Cuando la leche está templada, en la misma cazuela he ido sumergiendo las rebanadas de pan y dejándolas que se empapen bien, dándoles la vuelta. Al tocarlas no tiene que quedar ninguna zona dura. Una vez hemos puesto el pan a bucear en la leche, es el momento de poner la sartén al fuego. Yo procuro hacerlas a la plancha, con el aceite justo para que cubra el fondo de la sartén. Esto lo hago por dos razones, la primera para evitar que sean muy grasosas y la segunda porque el aceite se ensucia rápido y nos quedan un poco feas, así cuando el aceite se acaba o está muy sucio, limpio con papel de cocina y añado otro limpio.  Después del baño en leche de las torrijas, llega el momento de pasarlas por huevo y echarlas en la sartén. Esta operación es delicada, se corre el riesgo de que el pan se rompa, por eso, las cogeremos con sumo cuidado. El fuego yo procuro tenerlo medio alto. Vamos fríendo nuestras torrijas, las escurrimos y las colocamos sobre una tabla en la que habremos puesto una hermosa cama de papel de cocina.
Una vez que ya tenemos todas nuestras torrijas fritas, cogemos el vaso de anís y un pincel y las vamos empapando una por una, con generosidad.

Llega el momento de preparar el almíbar. En un cazo ponemos medio litro de agua, la monda de limón, el palo de canela, dos o tres estrellas de anís estrellado y cuatro cucharadas soperas de azúcar. Cierto es que a mi el dulce me puede, pero en este caso, no creáis que las torrijas quedan empalagosas, no, en su punto,  porque no hemos puesto hasta el momento ni una gota de azúcar y el único que van  a llevar es el del almíbar. Bueno, pues todo en el cazo al fuego y una vez que comience a hervir, lo bajamos lo suficiente como para que siga cociendo suavemente.
 Yo quería celebrar el día de la torrija y vive Dios que lo hice, tenía una bien grande en lugar de cabeza y , esto lo digo,  porque se me olvidó el cazo al fuego. El tiempo que hirvió mi almíbar, no lo puedo precisar, pero como mínimo una hora y,  como muchas cosas en la vida, la casualidad hizo que el resultado fuera mucho mejor que en otras ocasiones. (Ya lo decía Voltaire: " Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido).   Bueno pues después de la casualidad y más de una hora a fuego muy lento (por suerte, si no hubiera ardido mi casa) le añadí dos cucharadas soperas y  bestias de miel (gallega, de esta oscura de nuestros bosques umbrosos) y lo dejé unos diez minutos más aproximadamente. Se lo puse  por encima a las torrijas que ya había puesto en una fuente bonita y,  listas para ser devoradas.
No tiene duda de que están mucho mejor las hechas con pan especial para torrijas, pero las del bollito de leche no se diferencian en nada y las del pan gallego,  con los largos de piscina que hicieron en la leche, la ducha de anís y el baño de almíbar, os diré que estaban muy buenas. En cuanto al anís estrellado, a mi me encantó, no sabría deciros si las mejoran mucho o no, pero desde luego tengo claro que algo ha ayudado al resultado, eso y el almíbar del olvido, la casualidad,  que estaba de muerte. Tenemos muchos días festivos por delante, animaros a endulzar la vida de vuestras personas queridas ahora que tenemos más tiempo libre para ello.

Estas dos os las presentó vestidas para la ocasión, con el palito de canela y las estrellas que tanto han contribuido a su sabor. Las cerezas son únicamente para que quedaran más coquetas en la foto.