lunes, 25 de mayo de 2015

Solomillos con mostaza y miel.




Esta receta la preparé ayer para la comida y la verdad es que la próxima vez que la haga, tendré que comprar al menos un par de solomillos más, volaron y menos mal que había puesto algo de primer plato y preparado postre, si llega a ser plato único, algunos se quedarían con hambre. Los solomillos eran de cerdo guapo de la tierra, alimentado con castañas, los compré como siempre en el mercado, en Elia y Eladio.
No sé si podré hoy publicar la receta, llevo toda la tarde peleando con las tecnologías para presentar una demanda,  nunca pensé que esto de adjuntar documentos pudiera llegar a ser tan difícil y lo que más me molesta es que, a lo mejor, un niño de 12 años, lo hace con la gorra, pero que le vamos a hacer, ellos han nacido entre cables y conexiones y a mi me debieron de tener entre fogones, a cada uno lo suyo.

Necesitamos: unos solomillos, os recomiendo que no os quedéis cortos, os mirarán mal y si sobran, al día siguiente tenemos resuelto el menú; granos de mostaza, una cucharada sopera de miel (para dos solomillos), media copa de coñac, una cebolla, un poco de nata, sal y pimienta.
Lo primero que hice fue mezclar  la media copa de coñac (como medio vaso pequeño de los de vino) con una cucharada sopera de granos de mostaza, y un poco de pimienta, luego, con un pincel,  pintar amorosamente los solomillos y dejarlos, OH Sole mío, hasta el día siguiente en un tuper cerrado, para que se aromatizaran cómodamente.

Al día siguiente, cazuela al fuego y un fondo de aceite, cuando está caliente, ponemos los solomillos y los doramos sin miedo, para que se sellen bien y los jugos de la carne se queden dentro. Cuando ya casi están dorados, añadimos la cebolla pelada y cortada  y le damos unas vueltas,  hay que evitar que se queme porque estropearía el sabor dulce que tiene. Mientras  hacemos esto, calentamos un vasito de agua en el microondas y cuando ya tenemos bien dorada la carne, añadimos el agua caliente, sal, el coñac y la mostaza que nos ha quedado por el tuper. Una vez que comience a hervir, ponemos a fuego lento y dejamos cocer una media hora si os gustan echos pero en su punto, si los preferís algo más crudos, con veinte minutos bastará.  Yo retiro los solomillos de la salsa  y los dejo enfriar un poco para poder trincharlos, así no se rompen. Además el truco está en que, si al trincharlos están poco hechos, siempre lo podemos arreglar dejando que cuezan en la salsa una vez cortados, por lo que siempre es mejor hacerlos de menos que de más, tiene arreglo y,  de la otra forma,  se secarán  y la carne queda correosa.
En cuanto a la salsa, una vez que retiré los solomillos, la batí con la batidora y la puse al fuego, le día unas vueltas y le añadí una poca nata líquida, algo así como 100 ml o algo menos.
Sólo queda pegarle un calentón a la carne cuando la vayamos a servir y a la mesa; son fáciles, dan poco trabajo y están francamente buenos.

Deseo que os gusten.