lunes, 11 de mayo de 2015

Tarta de sémola y manzana.


Esta es la pinta que tiene esta receta que encontré. Por los datos que tengo,  diría que la receta es de mediados del siglo pasado y la curiosidad me decidió a hacerla. Nunca se me hubiera ocurrido utilizar la sémola para una tarta de manzana, pero resultó bien. Como siempre, he hecho algún cambio y luego, cuando la probé, también introduje alguna variación porque el sabor resultaba un poco "plano", no emocionaba. Por este motivo elaboré una salsa y os diré que el resultado fue bueno, aunque solo sea por una vez, vale la pena hacerla, sobre todo para aquellos que no os gusten las cosas demasiado dulces, porque no lo es y resulta fresca y ligera.

La receta, sacada por una tía mía de una revista antigua, es esta que os pongo aquí abajo. Las variaciones de mi cosecha son: al litro de leche, le añadí, además del azúcar,  tres cucharadas soperas de leche condensada y la ralladura de una naranja. Sobre la superficie de la tarta,no puse mantequilla, sólo el resto del azúcar.



Una vez desmoldada, la pinta era excelente, pero el sabor no te decía nada especial por eso, me decidí a hacer un caramelo de naranja. En una sartén ponemos cuatro cucharadas soperas de azúcar y a fuego suave, revolviendo, hacemos un caramelo. Exprimimos el jugo de dos naranjas y cuando el caramelo ya esté dorado, lo vamos añadiendo poco a poco, hasta que esté todo bien mezclado. Esta salsa se la añadí por encima del pastel y os diré que el sabor mejoró notablemente.
Supongo, por la época de la receta (calculo que 1940-1950), que en aquel momento de restricciones e incluso hambre, la receta original sería ya algo estupendo, pero para nuestro gusto actual, entiendo que quedaba un poco insulsa o simple, que quizá sea el término más acertado.
Con el caramelo, resulta un postre rico y fresco, que vale la pena probar, es distinta, pero muy buena.

Deseo que os guste.