miércoles, 1 de julio de 2015

Pavlova de frutos rojos.



El otro día preparé un tocinillo y me sobraron once claras de huevo. No me gusta nada tirar las cosas y en Internet vi la receta de esta tarta que lleva claras de huevo en abundancia y, me decidí a hacerla. El postre fue creado por un chef en honor a la bailarina rusa Anna Pavlova y la verdad es que viendo la tarta, te la  puedes imaginar a ella danzando etérea por el escenario. Aunque en la foto no se aprecia, la presentación es estupenda, blanca y con el rojo de las frutas (que en mi foto parecen marrones) es un espectáculo para la vista. Visualmente resulta una tarta elegante y sutil, como imagino que sería la bailarina rusa en cuyo honor se creó. La preparación, es sencilla y además, hay que atreverse, el que no se arriesga, no cruza la mar.

Necesitamos: claras de huevo, yo tenía once y fueron las que empleé, pero con seis o siete, será suficiente, trescientos gramos de azúcar glas, una cucharada de vinagre de manzana y una cucharada sopera de maizena. Para el relleno: 500ml. de nata para montar, 60 gramos de azúcar glas, frambuesas, moras, fresitas, arándanos o cualquier otro fruto rojo fresco. 

Lo primero es montar las claras a punto de nieve y cuando están, añadimos la mitad del azúcar glas y batimos de nuevo. Mezclamos la otra mitad del azúcar con la cucharada sopera de maizena y lo añadimos, batiendo todo de nuevo. Finalmente, añadimos dos cucharadas (de postre) de vinagre y batimos. El merengue ha de quedar brillante y muy firme.
Calentamos el horno a 140 grados.

Lo siguiente es dibujar tres redondeles en unas hojas de papel de horno, de unos veinte centímetros. Yo utilicé como plantilla un plato de postre. Con la lengua o una espátula, ponemos una capa del merengue en cada uno de los redondeles de papel y lo vamos repartiendo por el círculo,  del centro hacia los bordes, hasta que nos quede una capa gruesa. Repetimos la operación con los otros círculos y metemos al horno. Bajamos la temperatura a 120 grados y lo dejamos 40 minutos. Pasado este tiempo, apagamos el horno y dejamos dentro el merengue unos diez minutos más. 

Ahora nos queda montar la nata, añadiéndole el azúcar y sin pasarnos, nos quedaría como mantequilla. 

Los merengues los despegamos del papel de cocina y colocamos el primero en la fuente donde vayamos a servir la tarta, ponemos encima, con ayuda de una espátula, una capa generosa de nata y repartimos unos frutos rojos. Otro merengue encima, otra capa de nata y otras frutas bien distribuidas. Yo aquí hice una pequeña trampa y añadí también unas cucharadas de mermelada de frambuesa, que me encanta. Ponemos el último merengue y adornamos con la nata y los frutos rojos restantes. Lista para deleitarnos los sentidos, porque si bien es cierto que está muy buena, también lo es, que da gusto verla de bonita y elegante que resulta. Si queréis impresionar a vuestra familia, preparad esta tarta y estoy segura de que los dejaréis con la boca abierta. 

Deseo que os guste.