miércoles, 9 de septiembre de 2015

Sargo al horno.



Esta fotografía estuve a punto de sustituirla por un dibujo. Cuando la he visto, he tenido la impresión de que faltaban la mesa de autopsias y un forense. Realmente es mala con ganas, el pobre sargo que estaba tan rico y jugoso, parece un horroroso cadáver que dan ganas de enterrar y no de comer. Tenía que haberme fijado antes y hacer otra foto algo más estética, pero cuando lo retraté, mi familia estaba esperando sentada a la mesa y no me paré en mirar si el pobre animal había salido favorecido o no. De todas formas de los errores se aprende y la próxima vez, comprobaré la foto antes de dar cuenta del bicho. En cuestión de comida, al menos a mi, la pinta o apariencia importa y mucho. Si os vale de algo os diré que estaba muy bueno y nos lo zampamos sin piedad.

Necesitamos:  un sargo de buen tamaño; un kilo de patatas; dos o tres tomates maduros; dos o tres cebollas; un vaso de agua de vino blanco; aceite de oliva, sal y pimienta.

Cuando llegamos de la pescadería, lo primero, es darle una buena ducha al sargo y salpimentarlo convenientemente.
A continuación, el trabajo sucio: pelar patatas, lavar tomates y pelar las cebollas.

En una sartén grande echamos un vaso de aceite y lo ponemos a calentar. Las cebollas, las cortamos en rodajas lo más finas posibles y las pochamos en la sartén a fuego lento.  De vez en cuando les pegamos un garbeo y a otra cosa.
Mientras la cebolla se va pochando, ella sola, que ya es mayor, nosotros cortamos las patatas en rodajas redondas y no muy finas. Calentamos la freidora y vamos friendo un poco las patatas en tandas, para evitar que se nos peguen unas con otras.
A medida que las vamos sacando, las reservamos en un plato.
Entre que pochamos la cebolla y freimos las patatas, nos queda tiempo para cortar los tomates en rodajas, lo más finas posibles.
Vamos encendiendo el horno con calor arriba y abajo a 220 grados.

Cuando todo está listo, nos hacemos un hueco, colocamos la besuguera y nos disponemos a montar el asado. Cubrimos el fondo de la besuguera con una capa de patatas fritas, colocamos por encima la cebolla pochada y las rodajas de tomate a continuación. Salamos todo generosamente, o no si tenemos la tensión alta y ponemos nuestro sargo encima. Con el aceite de pochar la cebolla, lo regamos todo y le damos un segundo baño, esta vez con el vaso de vino blanco.  El pescado lo podemos espolvorear con un poco de pan rallado para que nos quede más morenito y vistoso, aunque al de mi foto, no lo salva ya ni la caridad.

El horno ha de estar bien caliente y, en general, el tiempo dependerá del peso del bicho, pero viene a ser de aproximadamente 20 minutos por cada kilo de peso. Si tenemos dudas, lo mejor separar la carne con la punta de un cuchillo y comprobar. El pescado como todo, si lo asamos más de la cuenta se queda seco. Tal cual lo sacamos del horno, lo presentamos en la mesa y listo para comer.
Os aseguro que, al margen de mi espantosa foto, el resultado y la presentación es estupenda, vale la pena prepararlo y no nos requiere ni demasiado tiempo ni esfuerzo.

Deseo que os guste.