martes, 20 de octubre de 2015

Pimientos rellenos de carne, jamón y queso.



Mi amiga Pilar me regaló el otro día unos pimientos tan hermosos que eran para hacerles fotos. Son pimientos caseros, de esos plantados con esmero y cuidado, sin productos químicos,  con lo cual además de bonitos, ya tenía claro que estarían de muerte. Mi madre siempre los hacía rellenos de arroz, con ese sabor que solo las madres dan a los platos de siempre. Yo me decidí por una carne, jamón serrano y un queso cremoso.


Necesitamos: para cuatro hermosos pimientos unos 800 gramos de carne picada. Yo compré medio kilo de ternera y unos trescientos gramos de cerdo y lo mezclé todo; 100 gramos de jamón serrano picado muy menudo, aunque también hay envases que ya traen unos mini tacos de jamón y os ahorráis el trabajo; una tarrina de crema de queso; 150 gramos de queso cremoso; aceite de oliva; sal y pimienta.


Empezamos por ponerle sal y pimienta a la carne picada y darle unas cuantas vueltas. Yo no le añadí ninguna especia, pero un poco de orégano o de albahaca no creo que le sentara mal. En una cazuela ponemos un fondo de aceite y cuando esté caliente,  echamos los trozos de jamón serrano y les damos unas vueltas. Añadimos la carne picada a continuación y dejamos que se vaya haciendo todo, revolviendo de vez en cuando. No es necesario hacerlo mucho porque luego en el horno se terminará de cocinar y si nos pasamos de tiempo nos quedará un poco seca.
Llega el momento de ir poniendo el  horno a calentar, a 180 grados y con ventilador.



Mientras la carne se va haciendo, lavamos los pimientos, les quitamos la parte de arriba procurando que no se rompa para que luego nos sirva de tapa y los limpiamos por dentro. Cuando hayamos retirado las partes blancas y las semillas, los salamos un poco por el interior, pero sin pasarnos, que luego nos sube la tensión y dicen que la sal, en exceso no es buena. 

Ya han debido de pasar unos cinco - siete minutos más o menos y la carne estará ya casi perfecta. Sin retirarla del fuego, le añadimos la tarrina de queso y lo mezclamos todo bien. Apagamos el fuego.

Buscamos un molde donde podamos acomodar bien los pimientos sin que se nos caigan, es como jugar al tetris, encajamos, sin amontonar, para que corra el aire. Una vez que los tenemos bien acomodados, con una cuchara sopera, vamos poniendo la carne en su interior. Cortamos el queso cremoso en unos pedazos, sin contemplaciones, como nos vayan saliendo y los colocamos encima de la carne. Eso sí, repartiendo entre todos los pimientos como buenos hermanos. Tapamos con la parte de arriba del pimiento que con tanto esmero hemos cortado.  Si la carne ha soltado su jugo, se lo ponemos a los pimientos por encima sino,  podemos regarlos con un chorrito de aceite de oliva virgen. Solo nos queda meterlos al horno que ya tenemos caliente. El tiempo es estimado pero unos veinte minutos más o menos. Los míos, los situé hacia el medio del horno y al poco tiempo parecía que querían chamuscarse un poco. Cogí un pedazo grande de papel de plata y le hice un gorro a la fuente, tapándola bien por arriba para evitar que se me quemaran mis queridos pimientos.  En veintidós minutos estaban perfectos.

Deseo que os gusten.